+ Las sillas, huinumo y bordado, el alma del pueblo.
OPOPEO (Salvador Escalante), Michoacán, 6 de octubre de 2025.– La Feria de la Silla, es una celebración triple. De quienes fabrican sillas que sostienen una vida; de quienes tejen huinumo que adornan la vida y, de las que bordan con hilo y paciencia, la belleza que la viste, destacó la alcaldesa Dayana Pérez Mendoza, en la inauguración.
Que la madera y el huinumo, sigan dialogando, como símbolo de un pueblo que no se quiebra, ni se seca, se transforma, se renueva y sigue creando.
Opopeo, vivió y disfrutó de una gran fiesta, previo a la inauguración, un alegre y colorido desfile de varios contingentes, desde la glorieta hasta la plaza principal, acompañados al ritmo de notas musicales de banda y orquesta.
Acompañaron a la alcaldesa, el director de la Casa de las Artesanías, Cástor Estrada Robles y el jefe de tenencia de Opopeo, César Rivera, regidores y funcionarios municipales.
Opopeo vuelve abrir su corazón para compartir con el mundo, el fruto, de su talento y de su trabajo; un espacio donde el arte y el oficio se encuentran, donde la madera y las manos se reconocen, donde el espíritu del pueblo se transforma en belleza y sustento, dijo la alcaldesa.
Y agregó, cada silla, es una obra que combina fuerza y amor, precisión y paciencia. Es el símbolo de un pueblo que sabe construir con sus manos, su propio lugar en la historia.
Pero junto a la madera, siguió Dayana Pérez, aquí se vive otro arte, igualmente ancestral y valioso, el arte del huinumo que los artesanos recogen, preparan y lo tejen con destreza, para crear objetos únicos.
También la presidenta municipal destacó que, en ese universo, de manos creadoras, está el arte del hilo y la aguja, donde, mujeres con paciencia infinita, dan vida a la costura.
Así, el deshilado y punto de cruz, son expresiones que combinan precisión y poesía. Cada puntada, es una historia y cada prenda, una herencia. Las artesanas de Opopeo, son las guardianas del arte textil; son símbolo de un trabajo silencioso, pero poderoso, donde la tradición se convierte en alimento y la aguja en herramienta de dignidad.














